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Razones para que René regrese ahora (+ Audio)

Este 7 de octubre de 2011 el despertar de René González Sehwerert en la prisión de Marianna, Florida, Estados Unidos fue diferente. Recogió sus pocas pertenencias y atravesó todas las rejas hasta llegar a donde la libertad parece más real.

Han pasado trece años y el René que fue apresado en 1998 ha cambiado. En su cara asoman las arrugas del tiempo que no perdona, en su corazón apenas cabe el anhelo por la familia y sus ideas han madurado hasta convertirse en convicción.


Sí no ha cambiado su amor a la patria y su decisión de servirla a cualquier precio. Sí no ha cambiado la certeza de su decisión cuando lo conminaron a irse a vivir adonde los grupos extremistas de Miami, para evitar acciones terroristas contra Cuba.

Sí no ha cambiado, a pesar de todo, su idea de haber hecho lo correcto desde el principio, desde que decidió convertirse en agente. Quizás le duela no haber podido hablarle antes a su esposa, decirle que no era un emigrante más y que no odiaba a Fidel ni a su Revolución.

Pero René no se arrepiente. No pasó por su mente en los 13 años de cárcel que sabía no merecía. No se arrepintió en el juicio amañado que le hicieran, ni después en el de resentencia.

René saldrá libre, pero será “supervisado” durante tres años. Vivirá en Miami, precisamente el lugar donde más lo odian, dicen ellos que por espía; cuando en verdad lo detestan por valiente, corajudo y porque no pudieron doblegarlo.

Cárcel de Marianna, donde rené estuvo preso por 13 años
Lo sueltan a lo leones para que se lo coman vivo e irónicamente lo único que se le ocurre a la injusticia norteamericana que le negó la posibilidad de pasar su libertad supervisada en Cuba, es que no se acerque a terroristas.

Muchas razones podría mencionar por las que René debe volver a su país en el mismo momento en que atraviese la última puerta de la cárcel injusta que lo ha recluido. Podría mencionar que es un héroe y los héroes merecen respeto; pero para quienes lo encarcelaron René es solo un espía más.
 Podría decir que fue acusado injustamente, pues René no espiaba a instituciones ni a organizaciones del gobierno de los Estados Unidos, sino a locos que pretenden derribar a la que llaman “la dictadura de los Castro” a base de atentados contra personas inocentes. Pero eso no bastaría, porque la fuerza política y económica de esos grupos convence más que la razón, soborna y manipula a su antojo desde medios de comunicación hasta jueces.

Podría decir que René fue condenado a la más cruel de las condenas por los cargos por los que fue juzgado, pero eso tampoco serviría, porque es un derecho del juez y la justicia es un elástico.

Podría decir que se ensañaron contra él por su firmeza y que les molestó que no sirviera a los intereses de los grupos de extrema derecha de Miami de poner en evidencia a Cuba, destapando toda una red de agentes cubanos que operan en Estados Unidos. Pero eso tampoco serviría, porque lo que es un pase de cuentas personal, esos mismos grupos se encargaron de hacerlo ver como un problema de la justicia norteamericana ante un caso de seguridad nacional.

La mejor razón que se me ocurre por la que René debe regresar se llaman Olga, Irmita e Ivette. Sobre todo Ivette, una niña adolescente de ojazos grandes como los de su papá, pero con una mirada profunda y triste. Una muchacha marcada por una familia rota por la injusticia y las violaciones de los derechos humanos.

Si René pasa tres años más en Estados Unidos su hija Ivette se habrá hecho una jovencita, y Olga, su mamá, tendrá que lidiar sola con las rebeldías de la adolescente que es hoy. René no vio sus primeros pasitos, no pudo estar cuando aprendió a montar bicicleta, cuando empezó a escribir mamá y papá o supo que uno más uno es dos.

René no estuvo cuando a Ivette le pusieron la pañoleta azul, ni después cuando se la cambiaron por la roja. René no pudo estar su primer día de secundaria, ni está ahora para regañarla cuando se pone ropa demasiado provocativa o para celarla de los muchachos que le dan vueltas.

Por eso es Ivette la mejor razón que se me ocurre. Claro, también Olga Salanueva, la esposa que hace más de 12 años no roza, ni abraza ni ama. O Irmita, su otra hija, que tuvo que madurar antes de tiempo y esconder su dolor para que su hermanita más pequeña no la viera llorando.

Pero también está el hermano de René, que en su condición de jurista se ha hecho especialista en el caso de los Cinco; están esos padres que no descansan a pesar de sus años y el pueblo de Cuba, para quien René González Sehwerert es familia.

Si las razones de la justicia no alcanzan, entonces debemos apelar a la humanidad y al derecho humano de una familia de estar junta. Esa es hoy la única esperanza de Olga, Irmita e Ivette, cuando todos los recursos legales están agotados.

Olga Salanueva e Irma Sehwerert, esposa y madre de René, respectivamente
Ellas esperan que la solidaridad internacional despierte esa parte humana del pueblo y el gobierno norteamericano, y que al fin René pueda estar con ellas.

Basta una firma para que puedan tener al fin una familia unida, algo tan común para muchos, y tan extraño para ellas.

Escuche esta crónica aquí:  Razones para que René regrese ahora en audio




El precio de ser espía

Un colega de estudios que ya no vive en Cuba me escribía, ante la noticia de la desarticulación de los agentes de la Seguridad del Estado Carlos Serpa (Emilio) y Moisés Rodríguez (Vladimir), que los espías le causaban repulsión de cualquier lado que estuvieran.

Y esa es una idea que comparten muchas personas en el mundo; tal vez con un poco de razón, pero tal vez, y en mayor medida, injustamente.

Digo que tal vez tenga razón mi colega, porque en la historia de la humanidad, que es larga también en cuestiones de espionaje, ha habido espías dobles, y triples; espías que se han vendido, que han traicionado; espías que al final no saben ni para qué ni por qué trabajan.

Pero ese no es el caso de los agentes cubanos Carlos Serpa, ni Moisés Rodríguez. Ellos infiltraron la disidencia cubana, convencidos de que Cuba no necesita los cambios que la contrarrevolución propone, convencidos de que no existe una disidencia cubana justa con argumentos sólidos, y que son solo un grupo manejado y pagado desde Miami.

Ser agente o espía es vivir al borde de un abismo. Y que conste que no va implícita en estas líneas mi experiencia personal o cercana, ni siquiera la de un amigo. Solo las referencias que me han llegado a través de los medios, sobre todo, de seriales televisivos.

Un agente se expone en todo momento. ¿A cuántos peligros se expusieron los agentes Emilio y Vladimir? A todos los imaginables. Muchas personas podrán decir que en todo ese tiempo disfrutaron de los beneficios del dinero que llegaba de Miami, de los viajes y de las relaciones.

Pero ¡a qué precio! Al precio de fingir, al precio de tener que sonreír cuando tenían ganas de cantarles su verdad a quienes les rodeaban, al precio de soportar las mentiras, las manipulaciones y las burlas a la inteligencia humana.

Al precio de recibir el rechazo de sus familias, la incomprensión. Al precio de que sus hijos no los entendieran, de que crecieran pensando que tenían un padre disidente, con mil confusiones cuando en la escuela les hablaban de Revolución.

La vida de agente es difícil. Sobre todo porque muchos ni siquiera viven para hacer el cuento. Los descubren, y van presos o les arrancan la vida. Muchas veces su trabajo permanece en el anonimato para siempre, porque la causa así lo requiere.

Emilio y Vladimir hoy son mirados con respeto en Cuba. El alivio para ellos debe ser inmenso. Poder ser uno mismo es la mayor satisfacción que puede tener una persona. Poder mirar de frente a su familia, a los vecinos y a los compañeros de trabajo.
Carlos Serpa y Moisés Rodríguez en la Universidad de La Habana

La sorpresa fue enorme. Sus revelaciones responden a una estrategia para desenmascarar a la disidencia cubana y a sus planes de levantamientos y desorden interno. Para que el mundo entienda que no hay disidentes reales en Cuba, sino payasos interesados en el dinero o el premio de la emigración acomodada.

Ambos han hecho quedar en ridículo a la disidencia cubana. Incluso mi colega, que no está de acuerdo con el sistema imperante en Cuba, que odia a Fidel y lo considera un dictador, estará de acuerdo conmigo en que esa disidencia es falsa en su esencia, que está basada en la sinrazón y la falta de principios.

A mí me encantó ver a Serpa y a Moisés cantando sus verdades. Me pareció una jugada maestra. No sé a mi colega, de quien de paso debo aclarar, siempre he sospechado, que es un agente de la seguridad cubana.

Materiales de apoyo sobre la historia del espionaje 
- Breve historia del espionaje 1
- Breve historia del espionaje 2

Para conocer a los agentes de la Seguridad de Estado Emilio y Vladimir


- Entrevista a Carlos Serpa

- Con Moisés Rodríguez

- Pruebas de que EEUU financia la “disidencia”: Dos agentes cubanos en sus filas (+ Fotos y Video)

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