Matanzas se enorgullece de sus poetas, de sus ríos y sus puentes. Conocida como La Bella Durmiente, La Venecia Cubana o la Atenas de Cuba ha sido pionera en muchos avances desde su nacimiento en 1693. Innovaciones para la industria azucarera, la utilización de camellos en labores de alza y tiro de la caña y el intento de producir corriente eléctrica con el agua de la bahía son algunas de ellas.
Pero en 1974, a casi 20 años del triunfo revolucionario del primero de enero de 1959, Matanzas fue pionera de una experiencia que llevó institucionalmente el poder al pueblo. Por estos días de abril tuvieron lugar en este pedazo de Cuba las primeras asambleas de nominación de candidatos.
Y aunque el proceso era nuevo para todos los matanceros, lo acogieron con seriedad y entusiasmo. Enseguida se crearon las comisiones electorales, en cuya preparación estuvieron involucrados en primera línea los Comités de Defensa de la Revolución.
Así, hace ya 37 años arrancó en Cuba la experiencia de lo que es hoy el sistema eleccionario cubano para la selección del gobierno a todos los niveles (circunscripción, municipio, provincia y país) donde el pueblo, sin dudas, es el protagonista.
Aquellas primeras asambleas, celebradas en cada CDR fueron todo un acontecimiento. Se eligió a los mejores en cada lugar, y de ahí surgieron los primeros delegados de circunscripción del país, una instancia del gobierno en el barrio que sería creada también a raíz de esta experiencia.
El resultado de aquel primer proceso eleccionario para votar por quienes representarían el llamado Poder Popular fue todo un éxito en Matanzas y trajo consigo que en 1976 se aplicara esta fórmula a todo el país.
Y así, con algunas modificaciones, entre ellas, la introducción en 1992 de una nueva forma de gobierno, el Consejo Popular, todo el proceso eleccionario que en Cuba asegura que el poder sea verdaderamente del pueblo se mantiene, mejorado, pero tan libre y democrático como aquella primera vez, cuando Matanzas solita fue pionera de la experiencia.
El Poder Popular para todo el país
Fue el Primer Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), efectuado en 1975, donde se evaluaron los resultados de la experiencia de Matanzas y, con las modificaciones y ajustes que correspondían, quedó oficializada esta forma de Estado.
Pero antes, en referendo efectuado con la participación de más del 98 por ciento de la población se discutió el proyecto de Constitución de la República en el que se recogía, entre otros aspectos, lo relativo a la forma de Estado, y que fue aprobada con más del 97 por ciento de los participantes en el propio 1976.
Por esos días se aprobó también la Ley de la División Político Administrativa que, entre otras, estructuró el país en 14 provincias y 169 municipios; incluido el municipio especial de la Isla de la Juventud (entonces Isla de Pinos).
Más adelante el Consejo de Ministros aprobó la Ley Electoral para el desarrollo del proceso que condujera a esta nueva forma de Estado. En el mes de diciembre de 1976, quedó constituida la Asamblea Nacional del Poder Popular como órgano supremo del Estado con facultades legislativas y constitucionales.
Y así, con algunas modificaciones, entre ellas, la introducción en 1992 de una nueva forma de gobierno, el Consejo Popular, todo el proceso eleccionario que en Cuba asegura que el poder sea verdaderamente del pueblo se mantiene, mejorado, pero tan libre y democrático como aquella primera vez, cuando Matanzas solita fue pionera de la experiencia.
- Entrevista a Jorge Lezcano, asesor del presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular en Cuba
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El escrutinio y la verdadera transparencia
Cuando en día de comicios, a las seis de la tarde cierran los colegios electorales en Cuba, se produce un momento que es muestra evidente de la transparencia con que se realiza el proceso aquí.
Solo entonces se procede a la apertura de las urnas, ante la mirada atenta de los pioneros y todos los electores que deseen asistir.
Porque en la verdadera democracia lo que es individual y secreto es el voto. Cada ciudadano tiene el derecho de votar o no, y de hacerlo por quien desee que lo represente.
Pero el conteo de los votos se hace de manera pública. Cada ciudadano cubano conoce que puede participar y verificar por sí mismo cómo se hace, y de paso saber de primera mano quién ganó en cada circunscripción.
Las urnas en Cuba son de cartón, y están custodiadas durante el plebiscito por pioneros de cuarto a noveno grados, que de completo uniforme y en diferentes turnos jamás las dejan solas.
Son ellos guardianes y testigos de la pureza, porque nadie le hace trampa a un niño. Algo que no hace falta tampoco porque los candidatos los nominó y los quiere el pueblo, y sin grandes campañas cada cual sabe a quien debe elegir.
Quienes nada saben de Cuba, de su democracia y de sus elecciones pueden criticarlas, pero antes podrían elegir al azar cualquier colegio electoral cubano, permanecer todo el día allí y ser testigos del escrutinio.
A ver entonces qué van a decir, porque no hay país del mundo donde los electores tengan el derecho a participar en el conteo de los votos, un síntoma de verdadera transparencia y democracia.
Solo entonces se procede a la apertura de las urnas, ante la mirada atenta de los pioneros y todos los electores que deseen asistir.
Porque en la verdadera democracia lo que es individual y secreto es el voto. Cada ciudadano tiene el derecho de votar o no, y de hacerlo por quien desee que lo represente.
Pero el conteo de los votos se hace de manera pública. Cada ciudadano cubano conoce que puede participar y verificar por sí mismo cómo se hace, y de paso saber de primera mano quién ganó en cada circunscripción.
Las urnas en Cuba son de cartón, y están custodiadas durante el plebiscito por pioneros de cuarto a noveno grados, que de completo uniforme y en diferentes turnos jamás las dejan solas.
Son ellos guardianes y testigos de la pureza, porque nadie le hace trampa a un niño. Algo que no hace falta tampoco porque los candidatos los nominó y los quiere el pueblo, y sin grandes campañas cada cual sabe a quien debe elegir.
Quienes nada saben de Cuba, de su democracia y de sus elecciones pueden criticarlas, pero antes podrían elegir al azar cualquier colegio electoral cubano, permanecer todo el día allí y ser testigos del escrutinio.
A ver entonces qué van a decir, porque no hay país del mundo donde los electores tengan el derecho a participar en el conteo de los votos, un síntoma de verdadera transparencia y democracia.
Oneida Fraga Moreno, protagonista en las elecciones
A solo unas cuadras del parque que lleva el nombre de su hermano René, vive Oneida Fraga Moreno, una sexagenaria maestra y bibliotecaria matancera, que es por cuarto mandato consecutivo presidenta de una Comisión Electoral.
Jubilada ya, Oneida es testigo del ajetreo que conllevan las elecciones, y en 2010 no ha sido diferente con las municipales, que le han tocado dirigir en la circunscripción 20, perteneciente al Consejo Popular Matanzas Este, de la Atenas de Cuba.
“Lleva mucho esfuerzo, hay que moverse mucho, hablar con las personas, porque nosotros desde enero entramos en proceso eleccionario, buscando listados y amarrando las cosas.
“Por ejemplo, nosotros éramos al inicio mil 400 noventa electores y con la actualización nos quedamos en mil 366. Tenemos 3 colegios, que radican siempre en el Internado Lenin, sito en San Carlos y Daoiz.
“Son días de no dormir, de pensar cómo va a salir la cosa, de preocupación, de tratar de llevarle a los miembros de los colegios electorales y a los electores el mayor estímulo, y siempre dar lo mejor para que todo salga bien.”
- ¿Cómo llegó usted a vincularse a este proceso?
- A mí me ligó la Federación de Mujeres Cubanas, yo era la organizadora de mi Bloque, y fui a una reunión por la presidenta y cuando vine a ver ya estaba en la Comisión.
Yo empecé de vocal, de ahí pasé a secretaria, caminé por todos los puestos que tiene un Colegio Electoral, estuve muchísimos años trabajando de presidenta de Colegio, y de ahí pasé a esta tarea, como Presidenta de la Comisión en la Circunscripción.
Y bueno, cosas de la vida que me quedé en esto, y siento sinceramente que este es mi último mandato, porque son muchos, es mucha la edad y es mucha la tensión, que ya uno debe darle paso a la juventud.
- Sin embargo, usted se ve y habla como joven. ¿Este trabajo la ayuda a sentirse más útil?
- Sí, indiscutiblemente, porque es esto de acostarme a las dos o tres de la mañana, revisando listados, ordenado lo que me da todo el mundo, coordinar…
- ¿Y cuando pasa el día de las elecciones?
- Un gran alivio. La circunscripción nuestra, y valga la modestia, siempre ha terminado por encima de la previsto, las personas responden mucho. - Usted ha estado vinculada al Poder Popular desde sus inicios…
- Sí, desde el segundo mandato yo estuve trabajando en las comisiones del Poder Popular, primero en la de Círculos Infantiles, después en la de Educación, y por último en la de atención a la mujer. Era un trabajo muy bonito. Inclusive yo tengo el sello Diez Años de Trabajo en las Comisiones del Poder Popular.
- Oneida, a pesar de toda esta experiencia del Poder Popular, de como se hacen las elecciones en Cuba, de la representatividad que hay desde la base hasta la Asamblea Nacional, en el mundo se critica mucho la democracia en Cuba y el sistema eleccionario, usted que está dentro de ese proceso, ¿cómo lo valora?
- El mejor que puede haber, indiscutiblemente. Porque ahí es la opinión del pueblo desde que se empiezan a sacar a los precandidatos, es el que el pueblo propone no el que impone el sistema. Porque usted lo ve, que hay personas nuevas y viejas, negras y blancas, obreros e intelectuales, ahí hay de todo, y de verdad que es justo.
Yo hace unos días crucé unas palabras con una electora, que estábamos hablando sobre eso mismo y me dijo que iba a echar a peder su boleta, que ella no la dejaba en blanco porque luego la gente que trabajan allí le ponen la cruz al que quieran. Yo le dije que estaba en un error y la invité a que fuera al colegio a las seis de la tarde cuando cerrara el proceso eleccionario, para que viera cómo es el conteo allí.
- ¿Le dolió que le dijeran eso?
- Me dolió, porque yo sé que no es la realidad. Porque nosotros hemos confrontado barrabasadas en las boletas y no hemos sido capaces ni de sustituirlas, ni nada de eso, porque luego a la hora de ir a la Comisión Municipal, si me entregaron mil 366 boletas, esas son las que yo tengo que entregar. Así que ahí es donde se demuestra la transparencia de estas elecciones.
Oneida recuerda que su hermano René Fraga, quien era maestro, se negó a trabajar después del golpe de estado de Batista, el 10 de marzo de 1952, y que desde entonces no volvió a tener salario fijo. Pero lo prefería, decía, antes que trabajar para el tirano.
Ella vivió toda la lucha de René, y a veces, aunque solo era una adolescente lo ayudaba colocando propaganda en una árbol en la escuela de maestras normalistas donde estudiaba.
Sabe mejor que nadie lo que significó aquel régimen para nuestro país, entre otras cosas, porque le mataron a su hermano que solo quería una Cuba mejor. Ella tenía solo 16 años pero nunca ha podido olvidar el rostro de su hermano, lo que le habían hecho.
Por eso también se hizo maestra voluntaria en abril de 1960 al llamado de Fidel, cumplió sus 18 años en el Pico Turquino y enseñó a leer y escribir a 53 niños y adolescentes de Minas de Frío. Y después ha pasado su vida entera, como bibliotecaria, inculcando en tres generaciones de matanceros el amor por la lectura.
Por eso, cumplidos los 68 años y jubilada desde hace cinco, sigue dando la batalla al lado de la Revolución, dispuesta a demostrarle al mundo que los cubanos no queremos volver al pasado.
Aprendiendo a elegir
El próximo 25 de abril muchos jóvenes que arribaron a los 16 años votarán por primera vez en las elecciones parciales para elegir al gobierno en su circunscripción, pero antes tuvieron años de ensayo como parte de sus organizaciones pioneriles y estudiantiles.
Porque los niños en Cuba también eligen. Apenas con seis años ya deben votar en las elecciones pioneriles para seleccionar a su jefe de destacamento, y cuando cumplen los 11 pueden ser elegidos para conformar el colectivo de estudiantes que regirá la Organización de Pioneros José Martí en su escuela.
Así aprenden desde pequeños lo que es democracia, no solo por lo que enseñan los libros de Historia o Educación Cívica, sino porque ejercen sus derechos libremente.
Primero por el voto directo, a mano alzada, seleccionando a quien creen que mejor los representará, y más tarde por el voto secreto mediante una boleta, los niños y adolescentes cubanos van entendiendo la lógica de elegir.
Y aunque parezca un juego para algunos, lo cierto es que en la escuela primaria y secundaria es donde nacen y se forman los líderes del mañana, que después se consolidan como parte de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media.
Porque un niño que elige o es elegido se siente importante, aprende a tomar decisiones y asume responsabilidades.
Esos pioneros que custodian las urnas en Cuba cada dos años y medio en las elecciones parciales y cada cinco en las generales no viven ajenos al proceso electoral, no son ingenuos guardianes; ellos también están aprendiendo a votar.
Por eso cuando les toca ya están preparados, diez años de ejercicio y convivencia con la democracia les facilitan el camino. Tal vez ahora les suden las manos porque la responsabilidad crece un poquito, pero conocen todo lo que implica votar y sabe cómo y por quién hacerlo.
Porque los niños en Cuba también eligen. Apenas con seis años ya deben votar en las elecciones pioneriles para seleccionar a su jefe de destacamento, y cuando cumplen los 11 pueden ser elegidos para conformar el colectivo de estudiantes que regirá la Organización de Pioneros José Martí en su escuela.
Así aprenden desde pequeños lo que es democracia, no solo por lo que enseñan los libros de Historia o Educación Cívica, sino porque ejercen sus derechos libremente.
Primero por el voto directo, a mano alzada, seleccionando a quien creen que mejor los representará, y más tarde por el voto secreto mediante una boleta, los niños y adolescentes cubanos van entendiendo la lógica de elegir.
Y aunque parezca un juego para algunos, lo cierto es que en la escuela primaria y secundaria es donde nacen y se forman los líderes del mañana, que después se consolidan como parte de la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media.
Porque un niño que elige o es elegido se siente importante, aprende a tomar decisiones y asume responsabilidades.
Esos pioneros que custodian las urnas en Cuba cada dos años y medio en las elecciones parciales y cada cinco en las generales no viven ajenos al proceso electoral, no son ingenuos guardianes; ellos también están aprendiendo a votar.
Por eso cuando les toca ya están preparados, diez años de ejercicio y convivencia con la democracia les facilitan el camino. Tal vez ahora les suden las manos porque la responsabilidad crece un poquito, pero conocen todo lo que implica votar y sabe cómo y por quién hacerlo.
Nominado por segunda vez
Por su gestión como delegado Nelson Delgado fue nominado nuevamente, y por unanimidad como candidato del Poder Popular en la asamblea de nominación de la Zona 29, que abarca la mayoría de los electores de su circunscripción (21).
Los electores pertenecientes al Consejo Popular Matanzas Este ejercieron así su derecho a seleccionar a la persona que consideran más capaz para representarlos en el gobierno municipal de la ciudad.
El Himno Nacional abrió la Asamblea , a la que asistieron desde niños pequeños, mujeres en batas de casa hasta los más veteranos del barrio, todos listos a pesar del frío que por estos días permanece sobre Matanzas.
Después de leer la convocatoria al proceso, y aclarar la manera en que se debía hacer la nominación, se levantaron varias manos, todos con una misma frase entre labios: yo propongo a Nelson.
Los por qué no se hicieron esperar, y así Mercedes Noa Pérez, la activa coordinadora de la Zona comentó que Nelson ha trabajado muy bien, que siempre está dispuesto, que los apoya en lo que haga falta y recalcó que si no ha hecho más “es porque no es mago”.
Por su parte, Gelasio Fernández comentó que lo más loable de Nelson es que recibe en su casa a quien lo necesite, aunque sea en horas de la noche, y que siempre da una respuesta, una explicación y nadie se queda esperando.
Entre las que más enérgicamente defendieron la nominación de Nelson está Mercedes Fajardo, quien explicó que no hay una reunión de los Comités de Defensa de la Revolución de su circunscripción a la que no asista.
Nelson Delgado, ingeniero agrónomo y padre de dos niñas, es desde hace dos años y medio delegado de la circunscripción 21 del Consejo Popular Matanzas Este y vicepresidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular (órgano de gobierno) en el municipio del mismo nombre.
Ahora ha sido nominado nuevamente como premio a su trabajo, y principalmente por el respeto que ha mostrado siempre hacia quienes lo eligieron.
A mi abuelo le traen las elecciones a la casa
Mi abuelo se llama Juan Torres Toledo y vive en Colón, Matanzas, Cuba. Este 19 de febrero cumplió 88 años y, aunque lleva más de 40 con una hemiplejia que le dificulta su andar, su mente está clara y joven.
Víctima de un derrame cerebral mi abuelo ha sido un luchador desde entonces, y ni el pie y el brazo tumbados le han impedido fajarse con la vida a pesar de las limitaciones y vencerla.
Hace unos años, aquejado además de glaucoma en los dos ojos, mi abuelo solo sale en carro y acompañado, por lo que cada vez que hay elecciones se las traen a la casa.
Cada dos años en las parciales, y cada cinco en la generales, dos pioneros y la presidenta del Colegio Electoral van hasta su casa, boleta en mano, para que mi abuelo estampe su voluntad.
Con su mano izquierda, con la que apenas sabe manejar para escribir, y el papel muy cerca porque casi tampoco ve, mi abuelo también decide.
Como él otros impedidos físicos en toda Cuba tienen la posibilidad de votar en sus propias casas, como evidencia del respeto a los derechos humanos.
Y el gesto no queda solo en la significación de ejercer un derecho ciudadano, sino que es la muestra de que nadie los olvida, de que no importa si hay que caminar un poco más o mover a los pioneros que custodian las urnas.
Ellos, los limitados físico motores, incapacitados de llegar hasta el colegio electoral también votan, porque las elecciones se las llevan a sus casas.
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