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La solución es volver al ser humano

Por más que existan teorías filosóficas, sistemas políticos y religiones contrapuestas, todos coinciden en algo: el ser humano es la razón de todo.

Quizás haya sido Carlos Marx quien mejor haya sintetizado la idea de la existencia humana cuando escribió que “el hombre piensa como vive”. Una verdad como un templo.


Es el hombre, su bienestar y su sobrevivencia la razón de todas las luchas personales y sociales. La causa de las revoluciones y de la evolución de los sistemas sociales. Por eso siempre, cuando no encontremos el camino, debemos volver al hombre.

¿Qué necesita? ¿Cómo está? ¿Es feliz así? ¿Es libre? ¿Puede expresar todo lo que siente? ¿Ama u odia? ¿Vive en paz consigo mismo y con el mundo? ¿Se le trata con justicia? ¿Se le reconoce por lo que hace? ¿Se le respetan sus derechos? ¿Cuánto vale su vida?

Cada vez que anden mal las cosas debemos volver al hombre con sus necesidades y sus anhelos. Porque ninguna religión, idea, principio, filosofía o causa puede anteponerse a las necesidades del ser humano, a su derecho a la vida.

La historia no perdona a quienes olvidan la esencia de la vida humana. El hombre nace, se desarrolla y muere. Es tan simple y tan complejo a la vez. Pobres y ricos, intelectuales y analfabetos, presidentes y hombres de pueblo... todos vuelven al polvo con sus logros y sus miserias.

Cuando uno mira atrás descubre que el ser humano lleva muchos siglos tratando de encontrar la verdad de las cosas, el equilibrio y la felicidad; sueños que paradójicamente cada vez parecen estar más lejos. Y es que en algún lugar del camino nos olvidamos del hombre.

Por eso hay que volver al hombre simple, imperfecto, egoísta. Al hombre que necesita comer, vestirse, defecar, orinar, trabajar, realizarse, vivir en paz, amar, tener una familia; en fin sobrevivir lo mejor posible el tiempo de su existencia.

Hay que acabar de comprender que todos los hombres no pueden ser buenos, educados, instruidos, humanos o solidarios. Y en esa diversidad hay que aprender a convivir, y sacar lo mejor de cada cual.

Pero eso solo se logra si volvemos al hombre. Si lo miramos por dentro, si le preguntamos cuáles son sus necesidades, si contamos con él para tomar las decisiones, para planear el futuro. Solo así podremos sobrevivir como especie.

Si miramos al mundo entenderemos que el hombre ha dejado de importar: la competencia, el consumo, la economía mundial, el petróleo, la banalidad, las guerras, las armas, los daños colaterales, los escándalos de los famosos, las ideas retrógradas y la falsa libertad lo demuestran. 

El hombre es la razón de todo lo que hemos construido como humanidad. Olvidarlo puede ser nefasto. Porque más allá de nosotros está la naturaleza con todas sus creaciones. La naturaleza de la cual somos hijos, y que no perdona los errores ni cree en razón alguna. 

Vivamos, a eso venimos a la vida. Lo único que necesitamos es hacerlo con dignidad: libremente y en paz.




Nota: Evidentemente me preocupa cuando se olvida al ser humano. Ese es el peor error que se puede cometer con un hijo, con la familia, con los vecinos, con el barrio, la ciudad, el país o la humanidad. El hombre no es un robot... aunque en muchas cosas ya se les parezca... el hombre siente y tiene necesidades. Puede poner por delante a otros, a una idea, o a los principios por un tiempo... pero mientras tanto el hombre necesita seguir viviendo. Es así desde los inicios y no cambiará nunca. Antes que seres pensantes, somos seres vivos.      De paso, perdonen la pocisión existencialista. 

Cuba no es perfecta, pero tratamos: sobre los derechos humanos en Cuba


Todos los días mi hijo de seis años va a la escuela, una escuela que para él es la más bonita del mundo. Tiene su uniforme, sus libros, sus lápices y una maestra a la que adora.
Ahora está aprendiendo a leer y a escribir, como lo hacen en Cuba decenas de miles de niños de esa edad. Y si alfabetizarse no es un derecho humano, entonces no sé que serán los derechos humanos.
Mi hijo fue operado de una malformación a los dos años de edad y no me costó un centavo, como tampoco me han costado los aerosoles por el asma, y las vacunas que se ha puesto desde que nació.
Mi hijo, un poco precoz, ya sueña con la universidad y me dice que quiere estudiar en la de Matanzas porque no puede estar un día sin ver mi cara. Y esa Universidad tampoco me costará un kilo.
Son esos poquitos, que no vemos por cotidianos, los derechos humanos de los que disfrutamos los cubanos, aunque personajes incultos y dolidos desde el otro lado y desde la vida fácil quieran hacer ver que aquí no se respetan.
Puede que en la prisa de la cotidianeidad, en medio de tanto trabajo y tan enormes anhelos se violen algunos, no lo discuto. Cuba no es perfecta, ni pretende serlo. Tratamos de construir un sistema donde el bien del hombre sea la razón máxima de su existencia.
Pero nuestros derechos humanos, los que de verdad son importantes están ahí, a la vista, pasando inadvertidos entre la gente común. Son ese vecino invidente que se hizo abogado, la mujer embarazada que tiene licencia y atención médica de primera garantizada, los abuelos que practican deporte en el parque más cercano.
Nuestros derechos humanos están en calles y centros nocturnos sin violencia, en las escuelas en la montaña aunque haya un solo alumno, en los transplantes de órganos y operaciones más difíciles que solo cuestan las gracias.
Están en la educación especial desde los primeros grados hasta los últimos, en las instituciones de la cultura y en el deporte. Nuestros derechos humanos están en los ojos francos y alegres de los niños, jóvenes y ancianos de esta tierra.
Dicen que siempre el que busca, encuentra; y que casi siempre las manchas no dejan ver la luz. Pero no vale la pena ponerse a “buscarle las cinco patas al gato”, o “la pelusa de la recontrapelusa” como hacen los enemigos de la Revolución.
Los derechos humanos básicos aquí son sagrados, y nadie, por mucha ceguera mental que tenga, podrá decir lo contrario. La Cuba que respeta los derechos humanos está aquí, a la vista de todos y abierta al mundo.
Basta con mirar para el lado para encontrar el respeto de esta tierra por los derechos de los hombres.

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