Tras casi doce años de injusto encierro el prisionero cubano Gerardo Hernández Nordelo atraviesa uno de los peores momentos de su encarcelamiento: confinado al hueco, sin poder ver a sus abogados y padeciendo una enfermedad que es ignorada por las autoridades penitenciarias.
Gerardo no solamente está en el hueco de la prisión de Victorville, California, sino en condiciones de castigo, en una celda muy pequeña, sin ventilación, con solo un diminuto orificio en lo alto de la pared de la celda que comparte con otro cautivo. Y lo peor es que lo confinaron allí sin haber cometido indisciplinas.
Condenado a dos cadenas perpetuas más 15 años, Nordelo es uno de los Cinco cubanos presos en estados Unidos por infiltrar grupos terroristas, que desde Miami planean atentados contra el pueblo cubano para desestabilizar al gobierno de la isla.
Según comentó el presidente de la Asamblea Nacional de Poder Popular en Cuba, Ricardo Alarcón de Quesada, Gerardo está padeciendo algunas dolencias físicas desde el pasado mes de abril, y aunque ha solicitado ser tratado por un médico, solo el 20 de julio le permitieron asistir a una consulta.
Al día siguiente, sin embargo, lo llevaron al hueco, a una celda de dos metros de largo por uno de ancho, donde las temperaturas superan los 35 grados Celsius. Esto a pesar de que se le diagnosticaron varios problemas y aún no tiene tratamiento.
Al parecer Gerardo tiene problemas con una bacteria que circulaba entre la población penal, con algunos casos muy graves. Aunque esto no se ha verificado, pues ni siquiera le han realizado análisis.
Gerardo ha presentado problemas también con la presión arterial. Él acaba de cumplir 45 años, una etapa de mucho riesgo para este padecimiento, sobre todo si se tiene en cuenta las condiciones difíciles en que vive y los momentos tensos porque los que ha atravesado en este tiempo.
El caso de Nordelo es el más difícil de los Cinco, según han expresado en varias ocasiones sus familiares y abogados. Su condena no solo es la más dura, sino que no fue considerada para juicios de resentencia como la de otros tres de sus compañeros, a quienes a finales de 2009 se les redujeron las penas.
Además Gerardo no ha podido recibir en los 12 años de cárcel la visita de su esposa Adriana Pérez, a quien una y otra vez le niegan el elemental derecho de ver a su pareja, y de paso la posibilidad de tener familia.
Pero más preocupante aún es que el prisionero cubano está sin comunicación con sus abogados, justo cuando se realizan trámites de apelación. Gerardo debería estar trabajando con sus abogados en la fundamentación del habeas corpus, y sin embargo lo tienen incomunicado totalmente.
Alarcón realizó estas declaraciones en el Palacio de Convenciones de Ciudad de La Habana, donde trabajan las comisiones permanentes del Parlamento, previo al quinto período de sesiones de la séptima legislatura de ese órgano.
El dirigente cubano responsabilizó al gobierno de Estados Unidos por la salud del prisionero cubano Gerardo Hernández, quien se encuentra completamente aislado enfermo y con riesgos para su integridad física.
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El tiempo de una madre que tiene Cinco hijos presos
Con lágrimas en los ojos Mirta Rodríguez dice que lo único malo es que ella siente que se le acaba el tiempo, se le agotan las horas para luchar porque se haga justicia en el caso de su hijo, pero enseguida se pasa las manos por la cara y su rostro vuelve a tener la misma serenidad.
La anciana madre de Antonio Guerrero, uno de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo, confiesa que por eso no descansa un minuto en su batallar.
“Algunos preguntan a veces ¿usted está bien?, yo la veo muy fuerte, usted se ve muy bien; y yo les digo, bueno yo no sé si me veo bien, porque yo me veo como yo soy, pero la fortaleza que ustedes me ven, es una fortaleza que nosotros debemos tener, porque, ¿qué sería de mí si mi vida fuera de llanto y tristeza?
“Eso lo tengo, eso no se aparta de mí, pero tengo que pensar que mis hijos me necesitan porque yo no lucho por uno, yo lucho por cinco. Nuestra causa está unida tanto en lo familiar como en todo. Ellos no mandan una misiva, la mandan en nombre de Los Cinco.
“Y yo pienso que ninguna madre que esté pasando por lo que yo estoy pasando hoy, y tenga esa fuerza de transmitir la necesidad que tenemos para poder lograr que nuestros hijos lleguen a la Patria, a la casa, a sus hijos, que se han perdido todo ese amor, todo ese cariño…, que ninguna madre en esta situación se rendiría.
“Entonces hay que estar fuerte, hay que amarrar el equilibrio y participar, y demostrar que el momento, como me decía una amiga argentina, es de luchar, no de llorar. Y yo me baso en eso.
Mirta Rodríguez va a cumplir 78 años, y no sabe cuánto le pueda quedar. Sabe que en la lucha de sentimientos que lleva adelante debe tener un buen control para aguantar.
Cuenta que siempre termina llorando, pero nunca dice que no cuando la invitan a hablar del caso de Los Cinco. Su esperanza está en que esa lucha se multiplique, abra corazones, y que la batalla no pare mientras ellos no vuelvan.
La anciana madre de Antonio Guerrero, uno de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo, confiesa que por eso no descansa un minuto en su batallar.
“Algunos preguntan a veces ¿usted está bien?, yo la veo muy fuerte, usted se ve muy bien; y yo les digo, bueno yo no sé si me veo bien, porque yo me veo como yo soy, pero la fortaleza que ustedes me ven, es una fortaleza que nosotros debemos tener, porque, ¿qué sería de mí si mi vida fuera de llanto y tristeza?
“Eso lo tengo, eso no se aparta de mí, pero tengo que pensar que mis hijos me necesitan porque yo no lucho por uno, yo lucho por cinco. Nuestra causa está unida tanto en lo familiar como en todo. Ellos no mandan una misiva, la mandan en nombre de Los Cinco.
“Y yo pienso que ninguna madre que esté pasando por lo que yo estoy pasando hoy, y tenga esa fuerza de transmitir la necesidad que tenemos para poder lograr que nuestros hijos lleguen a la Patria, a la casa, a sus hijos, que se han perdido todo ese amor, todo ese cariño…, que ninguna madre en esta situación se rendiría.
“Entonces hay que estar fuerte, hay que amarrar el equilibrio y participar, y demostrar que el momento, como me decía una amiga argentina, es de luchar, no de llorar. Y yo me baso en eso.
Mirta Rodríguez va a cumplir 78 años, y no sabe cuánto le pueda quedar. Sabe que en la lucha de sentimientos que lleva adelante debe tener un buen control para aguantar.
Cuenta que siempre termina llorando, pero nunca dice que no cuando la invitan a hablar del caso de Los Cinco. Su esperanza está en que esa lucha se multiplique, abra corazones, y que la batalla no pare mientras ellos no vuelvan.
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